Semana Santa de alcorisa

La Cuaresma marca la cuenta atrás, y calles y plazas visten sus tardes con el calor de redobles de tambor, el crepúsculo deja paso al estallido de emociones de la Semana Santa Alcorisana.

La Semana Santa de Alcorisa surge a mediados del siglo XVI, allá por el año 1550, del cual tenemos las primeras referencias sobre la Cofradía de la Sangre de Cristo, decana de la localidad y salvaguarda de la tradición que han mantenido sus cofrades, al igual que lo han hecho los Guardias Romanos, que con su silencio y su marcial estar, han velado escrupulosamente desde antaño el Monumento al Santísimo.

Días de semana santa en alcorisa

La Guardia Romana irrumpe en la iglesia cada Jueves Santo al finalizar los Santos Oficios, golpeando con sus lanzas en las mismas entrañas de la tierra, resultando uno de los momentos más sobrecogedores y emotivos. Desde ese instante guardarán el templo hasta la Procesión del Santo Entierro. Las matracas (en sustitución de las campanas) llamarán desde lo alto de la Iglesia con su sonido de luto a todos los fieles a los diferentes actos y procesiones.

El momento culminante de los tambores y bombos se produce a las doce de la noche del Jueves Santo cuando, al Romper la Hora en la Plaza del Ayuntamiento, cientos de tambores y bombos comienzan a sonar al unísono, provocando un estruendo tan estremecedor que parece que el mundo se vaya a venir abajo.

El Viernes Santo nace con el sonido continuado de redobles de la noche anterior, que marcan la pauta a seguir hasta que se decreta el silencio. Las túnicas moradas dejan paso al mosaico de colores y gentes que participan en el Drama de la Cruz en el Monte Calvario.

Más de trescientas personas representan con fidelidad los últimos días de la vida de Cristo, ante el asombro de miles de visitantes que contemplan apasionados la belleza de una representación gestada a los pies del Calvario, y que culminará en su cumbre cuando, crucificado por su propio destino, un hombre exhale su último suspiro.

Es en preciso momento, el de la crucifixión, cuando los tambores, bombos y penitentes, con sus correspondientes cofradías y pasos, vuelven a las calles tiñendo de color morado sus bellos y acogedores rincones. Ahora su sonido es de duelo y recogimiento y todos ellos, con su solemnidad, sentimiento y religiosidad, acompañan durante la Procesión del Santo Entierro al Cuerpo de Cristo, que yace en su lecho.

Los guardias romanos salen entonces del Monumento para escoltar a la Santa Cama, como se ha hecho desde tiempo inmemorial, al igual que la figura del Longinos y su “Criadico”, que ejerce de lazarillo de quien perdió la vista por atravesar con su lanza el costado de Cristo.

Al final, con el silencio, todas las túnicas, galas e instrumentos volverán a los armarios y los pasos con sus imágenes reposarán en el Museo de la Semana Santa; el Calvario volverá a ser lugar de silencio, peregrinación y Vía Crucis; nuestros visitantes volverán a sus lugares de origen; pero los alcorisanos nos estaremos preparado para, al año siguiente, volver a reencontrarnos con nuestras tradiciones y nuestras esencias, porque en el horizonte de nuestro mañana siempre habrá un sitio para la Semana Santa.

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